Si me notáis ausente, con la mirada perdida y pensativo perdonadme pero es que estoy pensando en mi tía Mari.
Mi tía Mari, la de la sonrisa eterna y contagiosa, esa que luchó 8 años contra el cáncer sin una sola queja, sin darle protagonismo, esa que estaba por y para los demás. Esa, mi tía Mari, se nos fue.
Se fue sabiéndose luchadora y admirada pero sobre todo se fue sabiéndose querida, muy pero que muy querida.
No nos deja un vacío, nos deja llenos, llenos de recuerdos de agradecimiento a su energía, simpatía y generosidad, nos deja llenos de ganas de recordarla, de mirar sus fotos, de pensar en ella y contagiarnos de su dulce mirada y de su sonrisa eterna.

Brindo por ti tita, te quiero muchísimo.
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