La burrocracia insolidaria

Hace 5 meses os contaba la preciosa historia de “El cuento de Lucía”. Cinco meses y la planta de oncología infantil a la que pretendía ayudar este cuento sigue igual. A día de hoy los dragones de ese cuento son los burrócratas y las calladas por respuesta y contra ellos la enorme paciencia de Ana Espino que nos pide que compartamos este texto para poneros al día de esta historia.

Sabemos que va a tener un final feliz pero deseamos que sea lo más pronto posible, por lógica, por razón y por esos niños.

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Carta de Ana Espino

ESTO ES PARA LOS RECIEN LLEGADOS, PARA LOS QUE QUERÉIS PONEROS AL DÍA, O PARA LOS QUE SE LES OLVIDÓ!

¿Qué es El Cuento de Lucía?

El cuento se hizo con una primera (y en principio, única) finalidad: hacer reír a una pequeña princesa, que tras una recaída del cáncer que tiene y con el que llevaba bregando un poco más de año y medio, dejó las ganas de hablar, escondidas en algún serio y triste rincón de su corazón, para decidir, no dirigirnos la palabra a nadie. Lo conseguimos. No fue un milagro ni nada parecido! Coincidieron, su hartura de muchos días callada, y la gracia de sentirse protagonista del cuento, y así poco a poco, con la medicina y los abrazos, se recuperó. Y volvió a ser Lucía, la dicharachera y querida Lucía.

Después de eso, decidimos un grupo de amigos( los auto-nombrados: “Quinta de los Desarropaos”) darle forma “real” a los folios leídos ¡vamos! que le hicimos un cuento con forma de cuento, y dibujos de cuento( hechos por niños amigos de ella, y por ella misma y su hermana melliza) y letras de cuento y….UN CUENTO!! Y se lo entregamos en un teatrillo que hicimos en su pueblo, Palma del Río. Para ella y para muchos vecinos, fue toda una sorpresa y para todos, un momento mágico y especial, que desde ese día nos acompaña.

Casi al mismo tiempo, unas obras en la tercera planta de oncología pediátrica en el Hospital Universitario Reina Sofía, nos hacen reflexionar seriamente, de las necesidades prioritarias que existen, y fue entonces, cuando nos propusimos ( en realidad, fue el cuento, el que nos “habló”) que, de la mano de la gerencia y de la administración, podríamos colaborar para que la estancia de nuestros niños en esa planta, fuera más cómoda, que tuviera más luz, que el tiempo, pasase, un poquito más rápido….

La Excmo. Diputación de Córdoba, nos editó el cuento que le propusimos, hecho enteramente por nosotros, con muchas horas de trabajo, de cariño y de ganas de sacar montones de sonrisas! Y lo hizo, de forma totalmente gratuita. Nos han regalado 2.871 cuentos. Y estamos, muy agradecidos por ello.

Puestos al habla con la gerencia del Hospital, nos comunicaron que la obra que señalamos y que queríamos ayudar a sufragar ( la remodelación de las habitaciones) iba a acometerse y solicitamos poder participar, como padres interesados en la mejora de esas habitaciones, todos unidos bajo “El Cuento de Lucía”

Hemos pasado por varias fases, según hemos ido creciendo, a la par que nuestros objetivos, y también, nos hemos tenido que ir acoplando a las directrices que nos han ido marcando, pero lo que nunca ha cambiado, ha sido nuestro propósito único: la estancia de los niños en la planta de Oncología Pediátrica, su mejora, su imprescindible e ineludible mejora.

En estos momentos, nos encontramos a la espera de que se nos asigne una función concreta, algo tangible y que sea imprescindiblemente, una mejora que todos podamos constatar y nuestros niños disfrutar. Creemos que ya no debe de quedar mucho, para que podamos deciros a todos, en que se van a gastar los diez euros con los que habéis contribuido. Nosotros, y entre otras cosas, hemos solicitado la posibilidad de hacer una pequeña sala donde los pequeños que puedan, se reúnan, cuando el cole del hospital, no esté abierto. Son niños que pasan mucho tiempo sin poder salir de allí, y es una demanda de los padres desde hace mucho.

Así que, esa es nuestra intención, esa es la segunda finalidad de El Cuento de Lucía. Estamos convencidos, de que para que las cosas funcionen de verdad, con eficacia y prontitud, debe de primar la estrecha colaboración entre fundaciones, asociaciones, públicas y privadas, administraciones y personas “de a pie” y anónimas, y a las que les unan las ganas de llevar a cabo historias y proyectos beneficiosos para todos. Solo de esta manera, nuestro mundo pequeñito, el de alrededor nuestro, podrá seguir avanzando con esperanza, con confianza, con expectativas….con resultados.

Estamos en la recta final. Ya van quedando pocos cuentos que ofrecer. La solidaridad, y el pensamiento certero de que, si somos muchos y diversos, los objetivos se alcanzan, es un hecho en esta historia.

Y algo importante: la contabilidad del dinero recaudado, se gestiona a través de Fibico, la fundación que está en el propio hospital, y a través de ellos, se realizarán los pagos necesarios que acordemos. Sólo y exclusivamente, y como se recoge en el Manifiesto de Intenciones firmado por la Jefe de Servicio de Oncología Pediátrica, Dra. Mateo, Ana Espino, la autora del cuento, y la propia entidad, el dinero tendrá como destinatario, la tercera planta de Oncología Pediátrica. Sólo esa planta. Ese es su fin.

Entendemos que para conseguir lo que pedimos, se requieran de muchas conversaciones, de solventar trabas burocráticas, y de esfuerzos conjuntos para alcanzarlos, pero lo que queremos que se entienda por nuestra parte, es que no vamos a dejar de insistir en que se cuente con el esfuerzo solidario de todos nosotros, porque realmente, queremos ser parte importante de este proyecto, necesitamos sentir que estamos haciendo algo por nuestros niños. Eso es todo.

Seguiremos contando como vamos. Gracias por vuestros mensajes, por vuestras esperanzas, por vuestros abrazos, desconocidos muchos, pero reconfortantes y alentadores todos, por vuestras ganas (tan iguales a las nuestras) pero especialmente, por creer que los “no” los “quizás” y los “a lo mejor”, lo único que nos hacen es, más fuertes. GRACIAS.

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